Pedir perdón y perdonar: Jugando a ponerse en el lugar del otro

Cuando alguien nos ofende o nos hace daño esperamos que repare ese daño con una disculpa sincera. En ocasiones es más sencillo darse cuenta de esto cuando estamos en el rol del ofendido y es más difícil cuando estamos en el rol del ofensor, ya que requiere de algunas cualidades, como: La humildad.El reconocimiento del acto ofensivo.Empatizar con el otro.La voluntad de no volver a dañar. Estas cualidades suponen  poder mirar hacia adentro y reconocer el error y al mismo tiempo poder mirar hacia fuera, a la otra persona y reconocerla a ella y a sus sentimientos. El acto del perdón atañe a las dos partes, tanto al ofendido como al ofensor. El Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Villacañas explica que “perdonar es una promesa de olvido a cambio de una promesa de no reincidencia”.  De esta manera, ambas partes deben involucrarse y comprometerse con la reparación del daño sucedido en la relación.  Si la persona que ha hecho el daño se responsabiliza de lo que ha hecho y lo asume, ya no queda lugar para la culpa. A menudo es común sentirse culpable, que es diferente a la responsabilidad y es menos útil y funcional para hacerse cargo del propio comportamiento.  Desde la responsabilidad se puede cambiar algo. Desde la culpa el cambio es más difícil, ya que este sentimiento acerca a la persona que ofende a una postura de víctima. Si, de otra manera, se pide perdón, pero la persona que ha ofendido lo hace para limpiar su conciencia, sin una mayor intención de sanar el daño ocasionado, esto no sirve...
El duelo

El duelo

El duelo es un proceso natural que se atraviesa al sufrir una pérdida significativa en la vida: puede tratarse del fallecimiento de un ser querido, una ruptura sentimental o la pérdida de otras relaciones significativas. A nivel clínico se establece una diferencia entre el duelo normal y el duelo patológico. En este artículo hablaremos sobre aspectos del duelo normal, que abarca un amplio rango de sentimientos, pensamientos y conductas que son normales después de una pérdida, como pueden ser: – Sentimientos: tristeza, enfado, culpa, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, alivio o insensibilidad, entre otros. – Pensamientos: incredulidad, confusión, preocupación, alucinaciones. – Conductas: trastornos del sueño, trastornos alimentarios, conductas distraídas, aislamiento social, sueños con el fallecido (si es el caso), suspiros, hiperactividad, llanto, entre otros. Por otra parte, dado que el duelo es un proceso, consta de diferentes fases y tareas a llevar a cabo para resolverlo. La psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004) realizó durante 30 años una profunda investigación acerca de las personas que se encontraban en el umbral de la muerte y de las experiencias que éstas tenían. Escribió varios libros sobre la muerte y el duelo y, concretamente en su libro “Sobre la muerte y los moribundos”, describió 5 fases del proceso de duelo que empiezan a ser popularmente conocidas. Estas fases son las siguientes: Negación: la negación de la realidad de la pérdida permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante. Es una defensa provisional y pronto es sustituida por una aceptación parcial de la pérdida. Ira: la negación es sustituida por la rabia y el resentimiento. Es una fase difícil de afrontar para los...
Amarse a uno mismo: un proceso complejo

Amarse a uno mismo: un proceso complejo

Es posible que en varias ocasiones hayamos escuchado que es importante amarse a uno mismo pero,  ¿sabemos cómo se hace?, ¿nos han enseñado?, ¿qué implicaciones tiene amarse? La investigadora y psicóloga Paloma Cabadas en su libro “La energía de amar” (2013), describe y explica que para amarse en necesario hacer previamente un trabajo interno de: conocimiento, aceptación y valoración de uno mismo. Y esto no solo son palabras, son todos ellos procesos complejos con muchas implicaciones tanto internas como externas para el individuo. CONOCIMIENTO: Respecto al conocimiento de uno mismo es necesario crear una mirada interna de observación y reflexión acerca de lo que se piensa, se siente y se quiere. A veces no es posible tener claro qué es lo que uno piensa o siente acerca de un asunto. Una herramienta que puede ayudar a tomar conciencia es observar las reacciones que tiene el cuerpo acerca de ello. La mente puede jugar a engañarnos acerca de nuestro punto de vista sobre determinados temas, pero el cuerpo no engaña. Las sensaciones corporales son veraces e indican con precisión cómo nos sentimos respecto a algo. Es un  ejercicio saludable pararse a observar y a sentir las reacciones del cuerpo, porque el cuerpo nos habla de nuestra verdad y eso nos ayuda a alinearnos con nosotros mismos. Por otra parte es importante aclarar que lo que uno siente es diferente de lo que uno ES. Lo que uno ES está más allá de los pensamientos y los sentimientos. Pero en este caso es necesario poder discernir con claridad lo que se siente de lo que no se siente. Y en cualquier...
El miedo: el velo que desdibuja el camino hacia los sueños

El miedo: el velo que desdibuja el camino hacia los sueños

Se ha definido el miedo como una emoción cuya función principal es garantizar la supervivencia de un individuo ante cualquier amenaza del entorno, dotándole de la energía necesaria para escapar de dicha amenaza. En este sentido cumple una función adaptativa, ya que sirve para salvaguardar la propia integridad. Pero lo cierto es que, en muchas ocasiones, las personas reaccionan con miedo a pesar de que no exista ninguna amenaza real para su propia vida. De hecho, hoy en día es muy frecuente que las personas experimentemos esta emoción ante estímulos internos generados por nosotros mismos, ante amenazas imaginarias acerca de posibles situaciones presentes o futuras que anticipamos, pero sobre las que no tenemos la certeza de que vayan a suceder. Y así, vamos acostumbrando progresivamente a nuestro cuerpo a liberar las sustancias químicas necesarias, como la adrenalina, para escapar y protegernos de las amenazas reales o imaginarias manteniéndolo en un habitual estado de tensión. Y es por eso, que a lo largo de la vida podemos experimentar cómo el miedo se va convirtiendo en un acompañante habitual de nuestro caminar, ejerciendo su influencia en nuestro estado físico, emocional o relacional, así como en las decisiones que tomamos. Al suceder esto de forma progresiva, es difícil caer en la cuenta de que el miedo ha ido invadiendo poco a poco nuestra propia identidad, acoplándose a nosotros como un okupa que invade nuestro hogar sin preguntar, como un velo que se extiende ante nosotros y que todo lo desdibuja, tiñendo la realidad de un aire opaco y difuminado que no nos permite ver con claridad el camino que queremos tomar y...
El encuentro

El encuentro

“El yo…el tú…el espacio…el tiempo…la escucha…el silencio…EL ENCUENTRO”. A día de hoy, es relativamente frecuente observar cómo una gran cantidad de personas manifiestan un sentimiento de soledad, de falta de un encuentro con otras personas. Ante esta situación, me resulta inevitable preguntarme: ¿cómo puede ser esto una realidad tan mayoritaria?, ¿no podría ser de otra manera?, ¿no deberíamos ser más capaces de crear encuentros más satisfactorios con los demás? En cualquier caso, al comenzar a reflexionar sobre la naturaleza de esta realidad, cabe cuestionarse primero si verdaderamente cada uno de nosotros es capaz de crear un encuentro real y sincero consigo mismo, de autoconciencia y auto aceptación y desde ahí crear encuentros con los demás. Es innegable que actualmente vivimos en una sociedad en la que priman los intereses económicos por encima de cualquier otro valor y esto provoca que recibamos un constante bombardeo de información que nos incita a consumir como medio para resolver cualquier situación, como medio para ser felices…Y esta felicidad que venden, va de la mano de una anestesia profunda, que nos lleva a dejar de pensar y de sentir, a dejar de estar conectados con nosotros mismos, con quiénes somos y con lo que queremos y necesitamos. De esta manera, a la hora de plantearse empezar a escucharse y a conocerse será necesario hacer un esfuerzo para mantenerse atento y consciente, ya que la corriente imperante tiende a arrastrar hacia esa anestesia interior y lejanía de uno mismo apenas sin darse cuenta. En el momento en que una persona se decide a iniciar este trabajo de autoobservación y autoconocimiento, es posible que lo primero...