La soledad: Cuando sentirte solo habla de no saber estar contigo

La soledad es un sentimiento que todos experimentamos en algún momento de la vida, por diferentes motivos:

– A veces tiene que ver con no contar con la compañía adecuada o suficiente. 

– Otras veces tiene que ver con tener compañía, pero con una falta de encuentro y entendimiento con el otro que hace que no te sientas acompañado en realidad. 

¿Qué es el encuentro? J.L. Moreno, psiquiatra y creador del Psicodrama a principios del S. XX, definía “el encuentro” como la capacidad de ver la realidad con los ojos de la otra persona de forma mutua.

Para acompañar y sentirse acompañado es importante ver al otro como alguien diferente y aceptar las diferencias entre ambos. Por otro lado, conviene entender los sentimientos y necesidades de la otra persona más allá de los propios.

En ocasiones a algunas personas les cuesta ese “ponerse en el lugar del otro”. A veces creen que sí saben hacerlo, pero en realidad hacen una proyección de sí mismas sobre el otro. Es decir, se ven a sí mismas a través del otro. 

Y esto es más frecuente de lo que pueda parecer en las relaciones.

En psicoterapia esto se puede trabajar a través del entrenamiento en cambios de roles. Cambiar de rol ayuda a conectar con la emoción, con el sentir del otro, y esto es lo que produce la transformación, la conexión para comprender a la otra persona y elegir si se quiere cambiar algo en la relación. Si es así, se abre una nueva posibilidad de encuentro, y por tanto se aleja la soledad.

– Otra forma que toma el sentimiento de soledad es la dificultad para acompañarse a uno mismo de una forma apropiada, a pesar de estar en la compañía de otros.

Esta última forma puede llamar la atención: ¿qué es eso de acompañarse a uno mismo?, ¿eso se puede hacer?

A veces se busca en la relación con otras personas lo que nos cuesta ofrecernos a nosotros mismos: cariño, cuidado, compañía…

 Es interesante preguntarse cuánto de todo lo que busco en otras personas y relaciones en realidad es algo que necesito también de mi. Porque no es lo mismo buscar en el otro algo que necesito del otro, que buscar en el otro algo que en realidad necesito de mí.

A veces se necesita lo mismo de otros que de una, pero vale la pena diferenciarlo para hacerse responsable de ello y empezar a cubrir con el afecto propio y el cariño algunas necesidades.

Vamos a ver qué factores podrían hacen que no te sintieras acompañado por ti mismo de una forma adecuada:

– Los sentimientos de miedo e inseguridad: si estos sentimientos se apoderan de tus decisiones y guían tu conducta, no estás tomando las riendas de tu vida ni decidiendo tú, sino que decide una parte de ti que está asustada y los criterios de decisión se verán afectados.

Por eso es importante trabajar para reconocer el miedo y cuidar a la parte que está asustada, para poder calmarla y a la vez poder volver a ser dueño de tus decisiones y de tu vida.

– No confiar en ti: si no confías en ti y no te reconoces, efectivamente, no te estás acompañando. Por eso es necesario aprender a confiar en tus capacidades y talentos. Normalmente somos más capaces de lo que creemos para afrontar y conseguir metas, quizás lo que falta es darse la oportunidad de intentarlo y crecer en esas oportunidades.

– No valorar quién eres: a menudo construimos la valoración a través de los logros conseguidos y esto es una trampa, porque a veces se consiguen logros y otras veces no…y eso no debería significar perder valor. El valor debe construirse a través de apreciar quién eres, y no lo que haces. Así, el sentimiento de valía puede permanecer a pesar de no conseguir ciertas metas, porque quien tú eres siempre lo vas a ser, es inalterable.

– Vivir sin sentido: si no encuentras y construyes un sentido para ti y para tu vida, será más fácil ir a la deriva con un rumbo poco claro y dejándote arrastrar “por las inclemencias del tiempo”, sintiéndote víctima de las circunstancias.

Cada persona debe descubrir y construir el sentido que quiere darle a su vida y responsabilizarse de ella, con madurez. Caminar en la dirección que te importa hará que tus pasos sean más firmes y que sientas alegría por ir esa dirección.

Si trabajas en estos aspectos seguramente empezarás a ser una mejor compañía para ti.

Otras claves que te pueden ayudar en el camino de aprender a acompañarte son las siguientes:

– Atender y cuidar las heridas del pasado: si a lo largo de tu historia has sufrido heridas emocionales y aún no se han curado del todo, esa herida va a dificultar tu caminar. 

Es igual que si te haces un esguince en el tobillo y sigues caminando. No lo vas a hacer con la misma soltura y libertad que con el tobillo sano.

– Descubrir y construir quien eres tú hoy, al margen de quién fuiste en el pasado: en el proceso de crecer y construirnos como personas es importante actualizar nuestros roles al presente. A menudo nos quedamos identificados en roles del pasado, de la infancia, que a día de hoy ya no resultan operativos para afrontar el día a día. Por eso es importante que actualices y descubras tus roles del presente, tus capacidades y tus fortalezas de ahora, para ponerlas al servicio de tu vida HOY.

– Ser responsable de tu vida: vivir desde la responsabilidad es un acto de madurez hacia ti. Es necesario que elijas. Que tomes decisiones y te hagas cargo de ellas y de las consecuencias. En la vida adulta ya no es operativo vivir desde el victimismo porque no te trae resultados. Lo único que te puede acercar a lo que quieres es responsabilizarte de ello y tomar acción.

– Aprender a quererte: esta es quizás la clave que integra todas las demás. Quererse también es un proceso de aprendizaje, no sucede porque sí. Hay que trabajarlo, porque no siempre se ha aprendido a vivir con amor propio, y como con cualquier otro amor, hay que cultivarlo. 

Quererte probablemente es lo que va a hacer definitivamente que te sientas acompañado de verdad. Acompañado por tu amor. ¿Hay acaso mejor compañía que esa?

Desde luego, vale la pena descubrirlo. 😉

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