Psicodrama


En consulta trabajo desde una perspectiva integradora, atendiendo a los diferentes niveles de la persona (pensamiento, emoción y cuerpo) y considerando que estos están en constante cambio e interrelación entre sí, con otras personas y con el entorno.

Cada persona es única y singular y por tanto la intervención estará adaptada a las necesidades y ritmo particulares de cada uno.

El modelo predominante desde el que trabajo es el Psicodrama –del griego psyché (alma) y drama (acción)– que es un modelo de psicoterapia creado por el psiquiatra J. L. Moreno a principios del siglo XX.
Consiste en utilizar sencillos métodos dramáticos para representar situaciones pasadas, presentes o futuras sobre los propios conflictos, emociones, miedos, deseos o fantasías.
El objetivo es tomar conciencia acerca de ellos para explorarlos, elaborarlos y resolverlos, integrando los pensamientos, las emociones y el cuerpo.

Este modelo forma parte de las terapias activas en las que se trabaja, no sólo con la palabra sino también con la ACCIÓN, para buscar soluciones a las dificultades en el aquí y el ahora.

Psicodrama

Se considera al Psicodrama una terapia de las relaciones y por ello, a través del ENCUENTRO terapéutico, se trabaja para desarrollar la ESPONTANEIDAD y la creatividad de la persona y encontrar vías para SER cada vez más uno mismo.
De este modo, se aprende a relacionarse con los demás desde una mayor libertad y autenticidad, a través de la creación de nuevos roles más adaptados a las diferentes situaciones.

El Psicodrama nació como terapia de grupo, pero actualmente  se utiliza también para trabajar en terapia individual (Psicodrama Bipersonal) y de pareja.


La pareja sana y adulta

Estar en una relación de pareja puede ser un reto… Y estar en una relación de pareja sana y adulta, mucho más todavía. La pareja es el vínculo que quizás más moviliza a nivel emocional y afectivo, ya que mueve tanto la afectividad del presente como la del pasado, pues tiene que ver con: -Cómo aprendí a querer y a ser querida en mi familia. -Qué aprendí acerca de qué es el amor y cómo lo expreso. -Cómo aprendí a quererme y valorar quién soy. -Cómo aprendí a valorar y respetar quienes son los otros. -Qué heridas afectivas hubo a lo largo de mi historia y cómo las he resuelto. Todas estos son aprendizajes importantes que con mayor o menos consciencia llevamos a las relaciones de pareja. En función de cómo se gestione todo ello me comportaré de una forma u otra en la relación, qué podrá ser más sana y adulta si se ha resuelto de una forma adecuada o más infantil si no es así. Por ello es importante poder mirar hacia dentro de forma sincera e ir contestando a estas preguntas para valorar cómo de resueltos tengo los conflictos afectivos de mi historia personal cuando empiezo una relación de pareja: cómo me relaciono afectivamente conmigo mismo y cómo me relaciono afectivamente con el otro. ¿Qué características son propias de una relación sana y adulta? Compartir afecto y cuidados: que haya una afectividad adecuada ajustada a las necesidades de los dos miembros de la pareja y que sea mutua y equilibrada en el dar y recibir.La responsabilidad: es importante que cada uno se haga responsable de sí...

Pedir perdón y perdonar: Jugando a ponerse en el lugar del otro

Cuando alguien nos ofende o nos hace daño esperamos que repare ese daño con una disculpa sincera. En ocasiones es más sencillo darse cuenta de esto cuando estamos en el rol del ofendido y es más difícil cuando estamos en el rol del ofensor, ya que requiere de algunas cualidades, como: La humildad.El reconocimiento del acto ofensivo.Empatizar con el otro.La voluntad de no volver a dañar. Estas cualidades suponen  poder mirar hacia adentro y reconocer el error y al mismo tiempo poder mirar hacia fuera, a la otra persona y reconocerla a ella y a sus sentimientos. El acto del perdón atañe a las dos partes, tanto al ofendido como al ofensor. El Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Villacañas explica que “perdonar es una promesa de olvido a cambio de una promesa de no reincidencia”.  De esta manera, ambas partes deben involucrarse y comprometerse con la reparación del daño sucedido en la relación.  Si la persona que ha hecho el daño se responsabiliza de lo que ha hecho y lo asume, ya no queda lugar para la culpa. A menudo es común sentirse culpable, que es diferente a la responsabilidad y es menos útil y funcional para hacerse cargo del propio comportamiento.  Desde la responsabilidad se puede cambiar algo. Desde la culpa el cambio es más difícil, ya que este sentimiento acerca a la persona que ofende a una postura de víctima. Si, de otra manera, se pide perdón, pero la persona que ha ofendido lo hace para limpiar su conciencia, sin una mayor intención de sanar el daño ocasionado, esto no sirve...
El duelo

El duelo

El duelo es un proceso natural que se atraviesa al sufrir una pérdida significativa en la vida: puede tratarse del fallecimiento de un ser querido, una ruptura sentimental o la pérdida de otras relaciones significativas. Leer más

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