El miedo: el velo que desdibuja el camino hacia los sueños

El miedo: el velo que desdibuja el camino hacia los sueños

Se ha definido el miedo como una emoción cuya función principal es garantizar la supervivencia de un individuo ante cualquier amenaza del entorno, dotándole de la energía necesaria para escapar de dicha amenaza. En este sentido cumple una función adaptativa, ya que sirve para salvaguardar la propia integridad. Pero lo cierto es que, en muchas ocasiones, las personas reaccionan con miedo a pesar de que no exista ninguna amenaza real para su propia vida. De hecho, hoy en día es muy frecuente que las personas experimentemos esta emoción ante estímulos internos generados por nosotros mismos, ante amenazas imaginarias acerca de posibles situaciones presentes o futuras que anticipamos, pero sobre las que no tenemos la certeza de que vayan a suceder. Y así, vamos acostumbrando progresivamente a nuestro cuerpo a liberar las sustancias químicas necesarias, como la adrenalina, para escapar y protegernos de las amenazas reales o imaginarias manteniéndolo en un habitual estado de tensión.

Y es por eso, que a lo largo de la vida podemos experimentar cómo el miedo se va convirtiendo en un acompañante habitual de nuestro caminar, ejerciendo su influencia en nuestro estado físico, emocional o relacional, así como en las decisiones que tomamos.
Al suceder esto de forma progresiva, es difícil caer en la cuenta de que el miedo ha ido invadiendo poco a poco nuestra propia identidad, acoplándose a nosotros como un okupa que invade nuestro hogar sin preguntar, como un velo que se extiende ante nosotros y que todo lo desdibuja, tiñendo la realidad de un aire opaco y difuminado que no nos permite ver con claridad el camino que queremos tomar y mucho menos, el camino hacia nuestros sueños. De esta manera, puede resultar común que ese estado se perpetúe a lo largo del tiempo si no nos examinamos y nos cuestionamos el lugar del que proceden nuestras decisiones y nuestros actos.

Por el contrario, en ocasiones puede suceder que en medio de toda esa realidad velada, podamos acceder a niveles más altos de lucidez, que atraviesen nuestra conciencia y que nos muestren que además de esa realidad, existe otra realidad posible en la que el miedo no es el protagonista, en la que los protagonistas somos nosotros…Y recuperar así la capacidad de escribir nuestra historia de la forma que queremos contarla, de dibujar nuestro propio trazado en el lienzo de la vida y de recorrer el camino que nos dicta nuestro corazón hacia los sueños y hacia aquello que más nos entusiasma, nos hace sentirnos realizados y que nos hace tener la certeza de que ese es nuestro lugar en el mundo.

Una vez que tenemos una experiencia como esta, puede ser que la dejemos escapar, convirtiéndose en un bonito suceso aislado que una vez aconteció… Pero podemos tratar de que se convierta, como si fuera la suma de numerosos instantes, en la realidad cotidiana de nuestro día a día.

Y para ello es necesario poner todo nuestro empeño  y nuestra voluntad para hacer un buen trabajo personal, examinando y comprendiendo los miedos que habitan en nosotros y su raíz y de esta forma, irlos ahuecando para ir dejando poco a poco más espacio disponible para lo mejor de nosotros mismos, para nuestros mejores talentos y sentimientos.
Así, empezaremos a crear una realidad de mayor calidad a todos los niveles, que nos permita progresivamente ser capaces de amar más y mejor.

Porque vivir sin miedo es posible.
Porque crear otra realidad es posible.
Y afortunadamente, está en nuestras manos.

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