El encuentro

El encuentro

“El yo…el tú…el espacio…el tiempo…la escucha…el silencio…EL ENCUENTRO”.

A día de hoy, es relativamente frecuente observar cómo una gran cantidad de personas manifiestan un sentimiento de soledad, de falta de un encuentro con otras personas.
Ante esta situación, me resulta inevitable preguntarme: ¿cómo puede ser esto una realidad tan mayoritaria?, ¿no podría ser de otra manera?, ¿no deberíamos ser más capaces de crear encuentros más satisfactorios con los demás?

En cualquier caso, al comenzar a reflexionar sobre la naturaleza de esta realidad, cabe cuestionarse primero si verdaderamente cada uno de nosotros es capaz de crear un encuentro real y sincero consigo mismo, de autoconciencia y auto aceptación y desde ahí crear encuentros con los demás.

Es innegable que actualmente vivimos en una sociedad en la que priman los intereses económicos por encima de cualquier otro valor y esto provoca que recibamos un constante bombardeo de información que nos incita a consumir como medio para resolver cualquier situación, como medio para ser felices…Y esta felicidad que venden, va de la mano de una anestesia profunda, que nos lleva a dejar de pensar y de sentir, a dejar de estar conectados con nosotros mismos, con quiénes somos y con lo que queremos y necesitamos.

De esta manera, a la hora de plantearse empezar a escucharse y a conocerse será necesario hacer un esfuerzo para mantenerse atento y consciente, ya que la corriente imperante tiende a arrastrar hacia esa anestesia interior y lejanía de uno mismo apenas sin darse cuenta.

En el momento en que una persona se decide a iniciar este trabajo de autoobservación y autoconocimiento, es posible que lo primero con lo que se encuentre sea con su propio dolor, sus miedos y sus inseguridades, que previamente han sido desatendidas y anestesiadas, precisamente para tratar de evitar el malestar que generan.

Pero conocerse de forma integral implica necesariamente conocer las capacidades y limitaciones que tenemos, lo que aceptamos de nosotros y lo que rechazamos, los talentos y los miedos, las luces y las sombras.

Y comenzar a recorrer este camino, aunque en ocasiones pueda resultar doloroso, es en el fondo un acto de amor a uno mismo porque conocerse, en el sentido más real de la palabra, es el primer paso para poder amarse, para poner luz a todas las sombras que habitan en nosotros, que nos hacen humanos y que a la vez nos generan el miedo que nos impide ver la grandeza que supone ser nosotros mismos e ir en busca de aquello que verdaderamente nos importa.

Es por todo esto, que si logramos darnos ese espacio para conocernos y aceptarnos para después amarnos, empezaremos a ser una buena compañía para nosotros y ese sentimiento de soledad se irá transformando hasta, poco a poco, desaparecer.

Y de esta misma forma, seremos también capaces de crear el espacio suficiente para poder conocer a otras personas, verlas tal y como son sin proyectarnos en ellas, aceptarlas y encontrarnos con ellas y de esta forma, aprender a amarlas.

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