Lo que la gripe me ha enseñado: de la omnipotencia, a la impotencia y la aceptación.

He estado diez días con gripe, sin poder hacer mucho más que estar tumbada en la cama descansando para recuperarme. Afortunadamente no ha sido nada grave, pero lo suficientemente limitante como para no poder hacer “mis grandes planes de vida normal”. No me gusta estar enferma, supongo que como a nadie. A parte de los inconvenientes que tiene para mi salud, también porque si no trabajo, no gano dinero. Y mi cuenta corriente se enfada.  Y yo también. Así que en este proceso de gripe me he descubierto a mí misma tratando de negociar con la vida y con mi virus sobre cuánto tiempo iba a estar enferma antes de poder retomar mi vida cotidiana. Como si la vida o mi virus estuvieran dispuestos a negociar conmigo… Al principio la gripe se presentó como un catarro que me permitía seguir haciendo mi rutina, pero unos días después me tumbó y me dijo:  – Aquí te quedas quieta sin poder hacer nada. Y empecé a intentar negociar: – Bueno vale, estoy un par de días descansando y luego vuelvo a mi rutina… Pero un par de días, se convirtieron en tres y en cuatro y en cinco…y así estuve diez días enferma. No sin antes pelearme internamente con la situación: “¿cómo voy a estar toda la semana sin trabajar?”. Pero no me quedó otro remedio, así que llamé a mis pacientes por teléfono para ir cancelando día a día las sesiones del día siguiente que no iba a poder atender. Su respuesta fue muy amable, todos me transmitieron más o menos este mensaje: “Cuídate mucho y recupérate, que eso es...

La soledad: Cuando sentirte solo habla de no saber estar contigo

La soledad es un sentimiento que todos experimentamos en algún momento de la vida, por diferentes motivos: – A veces tiene que ver con no contar con la compañía adecuada o suficiente.  – Otras veces tiene que ver con tener compañía, pero con una falta de encuentro y entendimiento con el otro que hace que no te sientas acompañado en realidad.  ¿Qué es el encuentro? J.L. Moreno, psiquiatra y creador del Psicodrama a principios del S. XX, definía “el encuentro” como la capacidad de ver la realidad con los ojos de la otra persona de forma mutua. Para acompañar y sentirse acompañado es importante ver al otro como alguien diferente y aceptar las diferencias entre ambos. Por otro lado, conviene entender los sentimientos y necesidades de la otra persona más allá de los propios. En ocasiones a algunas personas les cuesta ese “ponerse en el lugar del otro”. A veces creen que sí saben hacerlo, pero en realidad hacen una proyección de sí mismas sobre el otro. Es decir, se ven a sí mismas a través del otro.  Y esto es más frecuente de lo que pueda parecer en las relaciones. En psicoterapia esto se puede trabajar a través del entrenamiento en cambios de roles. Cambiar de rol ayuda a conectar con la emoción, con el sentir del otro, y esto es lo que produce la transformación, la conexión para comprender a la otra persona y elegir si se quiere cambiar algo en la relación. Si es así, se abre una nueva posibilidad de encuentro, y por tanto se aleja la soledad. – Otra forma que toma el sentimiento de soledad es la dificultad para...

La pareja sana y adulta

Estar en una relación de pareja puede ser un reto… Y estar en una relación de pareja sana y adulta, mucho más todavía. La pareja es el vínculo que quizás más moviliza a nivel emocional y afectivo, ya que mueve tanto la afectividad del presente como la del pasado, pues tiene que ver con: -Cómo aprendí a querer y a ser querida en mi familia. -Qué aprendí acerca de qué es el amor y cómo lo expreso. -Cómo aprendí a quererme y valorar quién soy. -Cómo aprendí a valorar y respetar quienes son los otros. -Qué heridas afectivas hubo a lo largo de mi historia y cómo las he resuelto. Todas estos son aprendizajes importantes que con mayor o menos consciencia llevamos a las relaciones de pareja. En función de cómo se gestione todo ello me comportaré de una forma u otra en la relación, qué podrá ser más sana y adulta si se ha resuelto de una forma adecuada o más infantil si no es así. Por ello es importante poder mirar hacia dentro de forma sincera e ir contestando a estas preguntas para valorar cómo de resueltos tengo los conflictos afectivos de mi historia personal cuando empiezo una relación de pareja: cómo me relaciono afectivamente conmigo mismo y cómo me relaciono afectivamente con el otro. ¿Qué características son propias de una relación sana y adulta? Compartir afecto y cuidados: que haya una afectividad adecuada ajustada a las necesidades de los dos miembros de la pareja y que sea mutua y equilibrada en el dar y recibir.La responsabilidad: es importante que cada uno se haga responsable de sí...

Pedir perdón y perdonar: Jugando a ponerse en el lugar del otro

Cuando alguien nos ofende o nos hace daño esperamos que repare ese daño con una disculpa sincera. En ocasiones es más sencillo darse cuenta de esto cuando estamos en el rol del ofendido y es más difícil cuando estamos en el rol del ofensor, ya que requiere de algunas cualidades, como: La humildad.El reconocimiento del acto ofensivo.Empatizar con el otro.La voluntad de no volver a dañar. Estas cualidades suponen  poder mirar hacia adentro y reconocer el error y al mismo tiempo poder mirar hacia fuera, a la otra persona y reconocerla a ella y a sus sentimientos. El acto del perdón atañe a las dos partes, tanto al ofendido como al ofensor. El Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Villacañas explica que “perdonar es una promesa de olvido a cambio de una promesa de no reincidencia”.  De esta manera, ambas partes deben involucrarse y comprometerse con la reparación del daño sucedido en la relación.  Si la persona que ha hecho el daño se responsabiliza de lo que ha hecho y lo asume, ya no queda lugar para la culpa. A menudo es común sentirse culpable, que es diferente a la responsabilidad y es menos útil y funcional para hacerse cargo del propio comportamiento.  Desde la responsabilidad se puede cambiar algo. Desde la culpa el cambio es más difícil, ya que este sentimiento acerca a la persona que ofende a una postura de víctima. Si, de otra manera, se pide perdón, pero la persona que ha ofendido lo hace para limpiar su conciencia, sin una mayor intención de sanar el daño ocasionado, esto no sirve...