Amarse a uno mismo: un proceso complejo

Amarse a uno mismo: un proceso complejo

Es posible que en varias ocasiones hayamos escuchado que es importante amarse a uno mismo pero,  ¿sabemos cómo se hace?, ¿nos han enseñado?, ¿qué implicaciones tiene amarse?
La investigadora y psicóloga Paloma Cabadas en su libro “La energía de amar” (2013), describe y explica que para amarse en necesario hacer previamente un trabajo interno de: conocimiento, aceptación y valoración de uno mismo.
Y esto no solo son palabras, son todos ellos procesos complejos con muchas implicaciones tanto internas como externas para el individuo.
CONOCIMIENTO:
Respecto al conocimiento de uno mismo es necesario crear una mirada interna de observación y reflexión acerca de lo que se piensa, se siente y se quiere.
A veces no es posible tener claro qué es lo que uno piensa o siente acerca de un asunto. Una herramienta que puede ayudar a tomar conciencia es observar las reacciones que tiene el cuerpo acerca de ello.
La mente puede jugar a engañarnos acerca de nuestro punto de vista sobre determinados temas, pero el cuerpo no engaña. Las sensaciones corporales son veraces e indican con precisión cómo nos sentimos respecto a algo.
Es un  ejercicio saludable pararse a observar y a sentir las reacciones del cuerpo, porque el cuerpo nos habla de nuestra verdad y eso nos ayuda a alinearnos con nosotros mismos.
Por otra parte es importante aclarar que lo que uno siente es diferente de lo que uno ES. Lo que uno ES está más allá de los pensamientos y los sentimientos.
Pero en este caso es necesario poder discernir con claridad lo que se siente de lo que no se siente. Y en cualquier caso lo que se siente forma parte de la verdad de uno en el momento presente, aunque la totalidad de lo que la persona es se eleve por encima del sentimiento.
Es importante, por otra parte, que haya coherencia entre lo que uno piensa, siente y hace respecto a algo. Esto es un síntoma de salud y de respeto hacia uno mismo.
Cuando alguno de ellos no está alineado con los otros dos se crea ansiedad, escisión y malestar.
Por eso es importante ir revisando los grados de coherencia interna que uno experimenta y si no se observa coherencia, es saludable pararse a mirar qué puede estar sucediendo y cómo se puede resolver.
Conocerse implica así mismo, mirar y admitir lo que a uno le duele, dónde están las heridas y qué es lo que nos da miedo. Tiene que ver con poder mirar, acoger e integrar la propia sombra.
El hecho de mirar ya aporta luz a la sombra, porque le dota de conciencia, que es el primer paso para crear cambios y  transformaciones. Esto es todo un acto de coraje.
Por otra parte, además de mirar la sombra, es importante también poder mirar la propia luz, que también forma parte de lo que somos.
Si bien es cierto que no es fácil mirar la sombra, tampoco estamos acostumbrados a validar nuestra luz.
Normalmente el sano reconocimiento de la valía se ha confundido con la soberbia o la vanidad y,  nada más lejos de la realidad: la soberbia y la vanidad nacen del miedo, y el reconocimiento de la valía nace del amor.
Es sano poder admitir también en qué es bueno cada uno, qué talentos tiene, qué le apasiona y qué le da energía para seguir caminando en los momentos de mayor o menor dificultad.
De este modo, mirando las luces y las sombras, podremos experimentar una visión de nosotros mismos más real y justa…más humana al fin y al cabo.
ACEPTACIÓN:
Otro aspecto importante del amor a uno mismo es la aceptación de todos los aspectos que anteriormente me he molestado en mirar y conocer: quién soy, cómo me siento, qué pienso, cuáles son mis luces y mis sombras…
LA ACEPTACIÓN IMPLICA NECESARIAMENTE DECIR SI A LO QUE ES EN ESTE MOMENTO PRESENTE, SEA LO QUE SEA.
Cuando acepto lo que es, no me resisto ni me peleo con ello. Simplemente lo acojo como la cualidad de algo en este momento.
La aceptación  implica el no juicio, implica poder mirar y observar algo sin reaccionar y acogerlo tal cual es. Puede tratarse de una emoción, de un pensamiento, de un comportamiento o de un suceso.
Eso no significa que no pueda hacer cambios respecto a ello. Pero siempre tendrá mejores consecuencias hacer un cambio partiendo de la aceptación, que del rechazo o de la ansiedad.
Si verdaderamente quiero cambiar algo de mi persona, la única forma de hacerlo de una forma sana es creando una mirada de comprensión y compasión hacia mi mismo respecto a “lo que soy y hago ahora”. Y una vez que me mire con comprensión podré decirme también qué quiero hacer diferente y cómo hacerlo, pero sin juzgarme ni castigarme por cómo lo hice hasta ese momento.
Somos humanos y normalmente hacemos las cosas lo mejor que podemos o sabemos. Si hasta el momento no hemos hecho algo de una forma diferente probablemente es: o porque no nos dábamos cuenta, o porque no sabíamos cómo hacerlo, o porque teníamos miedo. Y no por motivos que nos hagan merecer nuestro propio castigo.
De hecho uno de las grandes dificultades que generan malestar y sufrimiento a día de hoy es no poder aceptarnos como somos. Estamos más acostumbrados a generar rechazo que aceptación.
Los grandes maestros de disciplinas de autoconocimiento orientales han señalado siempre la aceptación como una de las grandes claves para lograr la paz interior.
VALORACIÓN:
El tercer paso para poder amarse a uno mismo es la valoración. Uno no puede amar aquello que no valora.
La valoración pasa previamente por conocerme y aceptarme y tiene que ver con valorarme a través de lo que soy y no a través de mis logros o resultados: Soy merecedor de valor simplemente por ser quien soy.
Esto puede ser difícil de asumir porque quizás hemos sido educados con la idea de ser valiosos en función del éxito o los resultados conseguidos.
Es cierto que la educación ha estado muy influenciada por el valor social del “tener” frente al de “ser”, inundándonos de mensajes del tipo: “si no tienes no vales”, “si no consigues esto o lo otro no vales”.
Este punto de vista confunde el valor del ser, y lo proyecta al futuro, a la consecución de resultados. Y eso es muy injusto para uno y para el presente.
Este presente, sea el que sea, ¿no merece un valor sólo por SER? Definitivamente sí lo merece, al igual que nosotros.
Es importante aprender a valorar lo pequeño, los detalles. Si no sabemos valorar lo pequeño tampoco sabremos valorar lo grande.
Darse valor pasa por apreciar las cualidades que nos definen y que nos permiten compartir lo mejor de nosotros y también por aceptar, sin juzgar, nuestros defectos, como humanos que somos.
Esta es una mirada más justa y equilibrada hacia nosotros mismos, en la que hay menos cabida para el autoreproche o autocastigo y más cabida para el amor propio.
Cuando uno comienza a realizar cambios en la dirección que venimos indicando, esto tendrá un impacto y unas consecuencias en el medio. Algunas de ellas tendrán que ver con:
– Sentirse menos dependiente de la valoración y reconocimiento externos, porque ya se ha podido crear esa mirada interna de valoración.
– Poner límites a otras personas en el caso de que vulneren nuestro espacio o nuestro tiempo, con menos miedo a ser rechazados por respetarnos.
En ambos casos se ganará en libertad de actuación y en la relación con el otro.
El trabajo de conocerse, aceptarse y valorarse requiere de verdadera voluntad y compromiso con el objetivo de aprender a amarse y de ser más feliz.
La felicidad no viene dada, como ya hemos comprobado. La felicidad y el bienestar requieren de acción intencionada, de creatividad y compromiso sostenidos en el tiempo.
Y la mejor inversión es aplicar todo ese trabajo sobre uno mismo para generar cambios y situarnos en la vida con más amor propio.
Hacer esto, sin duda, cambiará todos los escenarios de nuestro camino.

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